6.11.06

 

Por qué Fidel no se afeita

Por Julio Perotti

Oda a la duda

Quinteros, joven Federico
Inquieto como una hora pico.
Entra en mi correo vacío
A plantarme un duro desafío.

El confía en mi intelecto.
Cree que soy hombre correcto.
Me invita a su blog visitar.
Y a escribir, para participar.

Mas hay algo que no barrunta.
Y es que me jodió su pregunta.
Aunque no hay mucha premura.
No sé por qué Fidel no se rasura.

¿Será que a la Gillette odia?
¿O al barbero le tiene fobia?
¿Por qué esconde su cara?
¿Será que se la siente rara?

¿Cuándo se la cortaría?
Fue la pregunta sin ironía.
Que un periodista formuló.
Cuando a Batista él echó.

“Cuando triunfe la revolución”
respondió el caribeño tiburón.
Cuarenta y pico años han pasado.
Y ya el pelo tiene encarnado.

Se ve que la rebelión es dura.
O ningún tiempo a él lo apura.
Ya lo agarró el climaterio.
Y se la va a llevar al cementerio.

Ni siquiera aprendí periodismo.
Y Federico me asoma al abismo.
Cómo no hacer un gran papelón.
Ante una duda sin solución.


Si querés saber quién soy, apretá acá el botón: deestosehabla.blogspot.com
Si mi nombre te es conocido, es porque me lees los domingos: http://www.lavoz.com.ar/

30.10.06

 

Cuál es la mejor época para cosechar soja

Por Leslie Anne

Esperando las buenas cosechas

Mi mamá es solterona, pobre y vegana -algo así como una vegetariana terrorista- y para honrar nuestra aristocracia de espíritu indigestó toda mi infancia dickensiana en base a pastel de soja, sopa de soja, soufflé de soja... y otras alquímicas combinaciones del ínsipido elemento.
No sé cual es la mejor época del año para cosechar la soja. Pero supongo que es la primavera. Uno se agacha y se levanta. Se agacha y se levanta. Se levanta y, por suerte, algunas veces, no se vuelve a agachar.
No estuve levantando soja esta temporada. Pero sí zapallos, demasiados zapallos. Muchos zapallitos inmaduros, verdes con hojitas onduladas, con muecas de Halloween, carcomidos por la viruela, hechos puré. Muchos zapallos amables, de los que amagan con pagar el taxi, zapallos de la mano salvando el mundo, haciéndose cosmos y colándose por todos lados. Hasta en las milanesas de soja, ensaladas de soja, tartas de soja -con las que honro a mi mamá, con mi dieta de estudiante pobre- me encuentro zapallos infiltrados. Los zapallos son como la sublimación de la soja, la herencia matriarcal. Y el cumplimiento salvaje del mandato: seducida y abandonada, por vegetales.
Soltera. El mandato. Hasta los treinta: soltera, pobre y comiendo milanesas de soja.
La profecía irreversiblemente se cumple.

Una imágen amigable: Leslie Anne nació en Cba en 1980. Probó suerte en el cine porno y en diferentes repartos de ignotas producciones hollywoodenses.
Tiene un blog: leslieannewarren.blogspot.com, asiduamente visitado por sus fervientes admiradores.
En este momento, sólo intenta terminar Letras Modernas, para escaparse en auto con una amiga a la Patagonia, donde rodarán “Thelma & Louise II”: “El Retorno del Más Allá”.

26.10.06

 

Por qué se baila el Vals en las fiestas de 15

Vos sabés que yo bailo mal el vals.
De hecho, bailo mal prácticamente todas las danzas. Me sale, sí, el pasito de Michael Jackson, caminando para atrás, pero sólo en ciertos y determinados pisos, que permiten el movimiento con libertad. Para todo lo demás soy una versión lampiña de un gorila.
A la primera fiesta que me invitaron caí de jogging de gimnasia. Era un Adidas rojo con sus tres rayas blancas. Sentí mucha vergüenza y me fui. A la siguiente asistí preparado para matar o morir. Invité a una chica y nos pusimos en la fila (antes se bailaba así, de un lado formaban los varones, al frente las mujeres), y me sacudí como un poseso al ritmo de La Isla Bonita.
Di ocote.
En un momento y sin decir agua va, cambiaron y pusieron un lento meloso, pastoso, pegajoso, ruin. Observé a mis costados y noté que los demás varones se abalanzaban sobre sus compañeras, para aprovechar el influjo. Yo, como buen cagón, me quedé ahí parado y seguí contoneándome como si nada. La mina dio media vuelta y se mandó a mudar.
Para entender qué pasaba, hablé con una amiga. Estaba francamente preocupado.
—No entiendo —le dije.
—Es más fácil de lo que vos creés —me explicó —. El baile en sí no es otra cosa que una excusa. Es un ensayo sexual sin coito, ¿entendés?
Le dije que sí, pero no, no entendí nada.
—Cuando una pareja baila —continuó —, hay como una franela histérica; que te toco, que no te toco, que te sobo, que no te sobo. Los dos en el acto saben que bailan para ver si son compatibles para coger.
La miré como esperando el remate de un chiste, pero lo dijo en serio.
—A mí no me calienta bailar —repliqué.
—Es que sos un helado. O sos puto —aventuró —. No puede ser que no te caliente bailar. Desde que el hombre es hombre intenta acercarse a la mujer de alguna manera. La más socialmente aceptada es bailar. Por eso las fiestas de quince, por ejemplo.
—¿Qué tienen las fiestas de quince? —pregunté.
—Son una forma de iniciación sexual —dijo muy segura mientras encendía un cigarrillo—. Se organizan con el único fin de presentar el cuerpo de la niña que ya es mujer en sociedad, para que los demás sepan que es fértil, que está en edad de merecer…
—¿De casarse?
—No. De coger. De merecer un amante.
Empecé a pensar en las fiestas de quince a las que había ido, en cuántas veces había escapado a la hora del vals. Me vino como una tristeza pesada que me ensombreció.
—¿Vos bailaste el vals alguna vez? —indagó.
—No —confirmé.
—Claro… —dijo ella. Y ese “claro” quedó flotando entre nosotros como por diez minutos.
Huí esa tarde.
Huí con el fracaso enquistado en la garganta, con el llanto trepándome por las muelas, con los labios temblorosos.
Corrí.
Crucé puentes, avenidas, semáforos en verde.
Sorteé automóviles desbocados, viejas con andadores, niños en patineta.
Perdí una zapatilla y continué corriendo hacia el sol.
Era una tarde hermosa de diciembre de mil novecientos noventa y cuatro , en el horizonte las nubes se daban por vencidas y se rendían fundiéndose en un calor marrón.
Hoy soy un exitoso empresario del rubro textil.
Tengo plata. Mucha plata.
Y a las fiestas que no quiero, se van a la mierda.
No voy.


Petit Bió:

José Playo, en sí mismo, tiene 31 años y habla en tercera persona cuando escribe su pequeña biografía. Dice, por ejemplo, que hace mucho que no hace su revista, Peinate que viene gente. Dice también que los currículums le tienen los huevos lacios.
Y, de ahí en más, es como que no dice nada.
Ah, dice gracias, claro.
Y deja abrazos.

20.10.06

 

¿Depilarse con cera, duele más que hacerlo con track?

Por Lucas Moreno

Encomiable ejemplo de devoción y religiosidad fue mi abuela Juan Bernardo.La mártir, encorvada en su banqueta destartalada, en el fondo del patio,pasaba la mayor parte del tiempo murmurando sus padrenuestros y avemarías…
¡Y cómo dejaba calentar la cera para depilarse esa cristiana!
En uno de mis más añejos recuerdos, me encuentro mirando absorto un tarro de cera sobre una hornalla. La espesa sustancia burbujeaba furiosa, y cadaburbuja, al reventar, exhalaba una correntada infernal. Mi corazón palpitabadesbocado cuando presentía el atroz uso que se le daría a esa pócimahechizada.
La abuela Juan Bernardo se quitaba plácida y metódicamente sus medias denylon junto con sus medias de algodón, su larga pollera negra y su bombachabarrocamente bordada… Cerraba sus ojos y… ¡Había que verla empastándose esa lava verdosa! Emitía unos chirriantes “ay, ay”, pero inmediatamentesuspiraba con particular satisfacción, la satisfacción de un dolor merecido.La cera se petrificaba en su pierna, luego farfullaba: “Santa Maríapurísima, sin pecado concebida” y… ¡zás! Huelgan las descripciones.Sí, adicta a la depilación con cera era la abuela. A veces llegaba adepilarse dos veces por día y en su lecho de muerte, para anonadamiento desacerdote amigo, suplicó por un chorro de cera hirviendo en su entrepierna.
Pero la práctica de la depilación no es una práctica que se deje anquilosar;es ella una poderosa metáfora de la condición femenina dentro del procesohistórico. La práctica de la depilación, con el paso del tiempo, adquirióricas variantes y experimentaciones.
Veamos si no, dos generaciones después, a mi hermana Santiago. Jamás supo de qué se trataba la cera. Ella arrasaba su pilosidad con una futurista track.¡Listo! ¿Dolor? ¡Ninguno! ¿Tiempo empleado? ¡Minutos, nada de contemplación!
Las filosas hojas se deslizaban por su tersa piel, y no sólo por sus piernaso sus axilas, las hojas también flotaban por su bajo vientre, subíanacariciándole los abdominales, resbalaban entre sus senos, tropezaban conlos labios, saltaban la nariz, se detenían insistentes en sus cejas, y luegodepredaban todo pelo hasta desembarcar en la nuca.
Mi hermana Santiago no sólo borraba todo índice de animalidad, sino quellegaba a despojarse de toda individualidad. Luego de pasarse la track, setransformaba en un ser genérico, su aspecto era frío y metálico. Y no setrataba de un mero look despojado, oscuro y minimalista, esa estética lainvadía, condicionaba sus ademanes, sus palabras, sus actos… su vida, endefinitiva. ¿Verla sonreír, llorar? ¡Nunca! Suprimía cualquier tipo deemoción. Así se largaba, encorsetada en cuero negro, a tener relacionessexuales con quien sea.
Se suicidó.
Cortándose las venas con una track, demás está decirlo.
La depilación, esa práctica consistente en quitar el tapiz del cuerpo, seconvierte paradójicamente en la práctica del ocultamiento. En ambos casos,con sendas tecnología depilatorias, las mujeres cubrían simbólicamente ladesintegración del Yo femenino. La vieja utilizaba la depilación como elreforzamiento de la ideología cristiana; la joven, utilizaba la depilacióncomo política del cuerpo, para una rebelión posmoderna a favor de laliberación sexual… Y cuidado, porque las dos estaban profundamenteconvencidas en sus ideas, y la depilación era sin duda un espacio liberador.Cada pelito anulado era un canto al propósito de la mujer en este mundo.Pero cabe preguntar, ¿han estado ellas en lo correcto? ¿No es la depilaciónuna dimensión tensa, una tecnología que las mujeres consideran a suservicio, pero que macabramente imponen una estética coercitiva?Mayor claridad imposible: la mujer, al no tener pelos, no tiene los mismosderechos del hombre. Depilarse es marcar la alteridad, hacer patente elcarácter de artificio del cuerpo femenino, y por ende, su alma. Ladepilación somete a la mujer, la encarcela y extiende la dominaciónmasculina.
¿Qué duele más, depilarse con cera o con track? Más nos duele esta realidadcultural.

MiniBio: Lucas nació cuando regresó la democracia al país, y no es exageradover en su persona la reencarnación de los valores democráticos: para él,todos tienen libertad de expresión y de pensamiento, todos son iguales, sindiscriminar sexo, raza o religión, y, por supuesto, todos tienen el derechode llevar a cabo sus proyectos genocidas.En el 2004 y 2005 publicó un par de libros, pero ya no quedan más, qué levamos a hacer. Sin embargo, está preparando una extensa novela, que va a ser una masa. Se llamaría El Movimiento, acuérdense para cuando salga.

14.10.06

 

Cómo morder a un perro y no morir en el intento

Por Pablo Molloy

Mi experiencia con mordeduras y perros es francamente lamentable. Desde los siete a los catorce años, por lo menos, y como era el que organizaba los partidos, tenía que ir a buscar a el gordito número 9 a su casa en el medio del monte, así que iba nomás, pero no hasta la casa, sino hasta un árbol que se encontraba a cincuenta metros. Me subía al árbol, y empezaba: “!Demián!, ¡Demián!” (posta, se llamaba así). Quince o veinte minutos después, el gordito salía. Sin su perro, claro está. Sin su perro llamado Rambo, que durante esos quince minutos me había estado ladrando estrepitosamente desde el enrejado de la casa.
Pero un día salió.
Lo recuerdo perfectamente: abrió la puerta con su pata izquierda (jamás entendí porqué no lo había hecho antes), y encaró para adelante. Yo no había llegado al árbol.
Tuve que correr.
En un momento el perro me alcanzó, pero eso no lo cuento, porque es sabido.
Por otra parte, en casa teníamos siempre gatos. No: gatos no. Gatas. Gatas, o sea, mininas. Felinos, boludo. Eso. Y un día me las cogieron a todas juntas. Me las culearon, les dieron masa, traca traca. Total: veinte crías. Ahí nació la blancaynegra. Esa era mi gata. La elegida. Cuando yo llegaba no me maullaba. Nunca me pedía comida, odiaba que le hiciera upa, que le diera de tincazos en la oreja. No importaba: esa era mi gata.
Murió destrozada por los perros.
Yo tenía quince años. Esa noche habíamos estado por ir de putas con unos amigos, pero yo me volví a casa. El resto no lo quiero contar.
Último episodio: tenía veinte. Caminaba desde mi casa paterna hasta la casa de mi amigo Guille. Creo que la había puesto el día anterior, que la había puesto bien, y entonces imagino que la idea era irle a contar a Guillote. Era martes. Octubre. Treinta grados de temperatura, y yo debajo del sol. Caminé cinco kilómetros. Cuando llegué, el puto no estaba. Decí que llevaba un libro, y la había puesto (creo) el día anterior.
Decidí volver caminando pero, esta vez, leyendo.
Leía Demian, de Hermann Hesse.
Estaba totalmente metido en la lectura. Asombrado por esa idea de enfrentar a los demás mirando fuerte a los ojos.
El perro no ladró.
Ni un ladrido.
Directamente tomó impulso, en toda su negritud se me vino de frente, piensen que yo mitad seguía leyendo, mitad veía una enorme bola negra con los dientes afuera, cada vez más enorme, más cerca.
El perro me mordió una de las piernas.
Recuerdo que lo miré, que sólo atiné a mirarlo aferrado a una mis pantorrillas y a gritar, al aire, a nadie (era octubre, martes, hacía calor, no daba para estar afuera): “La puta madre, la re puta madre”.

Eso es casi todo.
Resta decir que ahora tengo otro gato, una gata, minina, un felino, eso, que está bien vivita y coleando y que según sé ha tenido enfrentamientos con los perros más conocidos de la cuadra.
Todavía no le pasó nada.
Sobre cómo morder a un perro sin morir en el intento, pregúntenle a ella.
Ella sabe.



Una historia de TV: Pablo Natale nació en rosario, el 25 de mayo del 82. A los cinco años estaba mirando Mazinger Z en un televisor blanco y negro y empezó a ver en color. A los siete su familia se trasladó preocupada a Carlos Paz, porque entendían el encierro en departamentos rosarinos le estaba haciendo mal. Se pasó quince años mirando las sierras. Nunca entendió.
Estudia Letras, le falta poco para terminar. Se había decidido a publicar su obra a los 33, con el nombre de “Obra Póstuma”, pero dice que esto de los blogs le abrió una oportunidad.
Está trabajando sobre un libro de historia - poesía llamado “El retorno del Jedi”, sobre una novelita seudo-biográfica titulada “Vida de Molloy”, y sobre un libro de poesía cotidiana que vincula a Vicente Luy con James Joyce. Entre otras cosas. No sabe qué título ponerle al libro de cuentos que tiene en manos. Todavía.
www.pacmanvuelve.blogspot.com

13.10.06

 

Por qué es tan rica la Coca-Cola


Por Carlos Godoy

La coca-cola es tan pero tan rica por dos cosas, o tres, o a lo mejor cuatro o cinco, que tienen y no tienen que ver con su sabor.
Primero su secreta fórmula, probablemente esa fórmula sea factible químicamente en un sábado de ocio con las cosas que hay en la heladera, pero como se dice que es secreta e inalcanzable ya la figuramos de ese modo.
Segundo punto las publicidades, que a veces son creativas, con un halo artístico si se quiere, pero que la mayoría de las veces parecen trabajar con la consigna “secar el cerebro del cliente”, para convencerte, entre otras cosas, de que su fórmula es secreta.
Lo tercero, que fortalece a los anteriores puntos, Pepsi, su gran competidor, tiene mejores publicidades, con famosos y todo: hay una muy buena que la pasaron hace un tiempo por los canales brasileños, cuenta que Ronaldinho de pibe quería ser árbitro, hasta que va a un día al súper con su mamá y tras un accidente vuela por los aires una lata de Pepsi, él inteligiblemente la patea con una impresionante chilena y nace la estrella. Pero más allá de esto, empíricamente el sabor de la Pepsi es a jarabe de mocha.
Cuatro, las bebidas alcohólicas son aliadas de la coca-cola. El cuba libre, el Cinzano con coca, hasta el rifle (vino de caja con coca, o a lo mejor con Priti Limón) En Córdoba con esto del Fernet está todo dicho ¿existe en alguna cabeza la posibilidad de tomar Fernet con Pepsi? Yo una vez lo tome con soda, pero era adolescente y creo que estaba en un campamento, y equivocado, también probé, cuando se puso de “moda” el alcohol etílico con jugo Tang de naranja, es cierto, no se puso de moda en los boliches, era en otros lugares.
Pero eso es otra cosa, el quinto punto y el más importante es que la coca-cola es la única que regala chuchuerías “lindas” en sus concursos. Platos, cubiertos, vasos, llaveros, remeras, la increíble cámara cooke que demostraba quienes eran los “populares” en el jardín y primeros años de la primaria, esa tacita lechera blanca con las letras en rojo en la que desayuné y merendé desde los tres años mas o menos, los muñecos cabezones de la selección argentina para el las eliminatorias del Francia 98’, creo, los autitos de colección que mis hermanos menores se encargaron de destruir cuando los heredaron, y no se cuantas cosas mas.
Para cerrar, la coca cola es tan pero tan rica por ser la bebida imperialista, por que los ecologistas la odian, por las emocionantes propagandas que hacen para los mundiales, por que sus gerentes cogen mal con sus esposas pensando en los mecanismos para que la coca-cola remplace el café en las oficinas y en familias peronistas, y por que con todos esos “chiches” que nuestras abuelas canjean y canjean en sus abultados ratos libres, y una vez en desuso quedan como trofeos en las alacenas, hacen una construcción de la memoria, de la historia.


Mini BIO: Carlos Godoy. Estudia Letras los días que no hay paro en la UNC. Nació en el 83’ en barrio Alberdi, donde hoy reside. Publicó en Espuma de Rabia, plaqueta de poesía perra, Ed. La Creciente 2004, Prendas, Ed. Gog y Magog 2005 y Cinco vocales luego de una pe, Ed. ¿Qué vamos a hacer hasta las seis? Libros en sobre 2006. Difunde su obra en el blog http://cralo.blogspot.com y mantiene con Lucho Lamberti el blog http://tortiluchasencancun.blogspot.com

8.10.06

 

El ABC de un buen asado

Por Federico Falco

Me considero a mí mismo un buen cocinero, pero, debo reconocerlo, no se hacer asados. Controlar los fuegos, que no se apaguen las brazas, manejar los rudimentos del salar y saber si el matambre va primero con la grasa para arriba o para abajo no se cuentan entre mis virtudes. Si llegado el caso debo hacerme cargo de la parrilla, el nerviosismo del cocinero devenido asador hace que los cortes salgan reconcentrados, morochones, víctimas del arrebato vuelta y vueltero… Así que poca cosas podría decir sobre el arte de hacer un buen asado, y menos aún, sobre su esencia depurada en un abc de tres pasos.
Tengo una amiga que hace los mejores asados del mundo. Ella es ama de casa y tiene cinco hijos. Su técnica es simple. El asador le queda lejos de la cocina (el centro de su hogar) así que prende el fuego y vuelve a la cocina a lidiar con los críos. Después de un determinado tiempo, que no mide por reloj sino a pura intuición, se va para el fondo con la carne. Las brazas están listas, las esparce, pone la carne en la parrilla y vuelve a la cocina. Sigue lidiando con los críos, de pronto se levanta y explica:
-tengo que dar vuelta el asado.
Desaparece por tres segundo y ya está de regreso. Y en un momento exige que se ponga la mesa, el asado ya está listo. Vuelve del fondo con los cortes en su punto justo, perfectos.
La admiro terriblemente y cada vez que le pregunto cómo lo hace ella me dice que el asado se hace solo: no hay que tocarlo y, mirarlo, lo menos posible.
No se si la receta sirve de algo. En realidad es la receta contraria al que daría un Martiniano Molina pseudo gourmet. Eso de que un buen asado se hace con amigos alrededor, vinito de por medio y amenizado con buena charla suena a cuento neo burgués. Desconfío de esas cosas. Es como redecorar sin pintar las paredes o ponerse perfume francés sin haberse bañado antes.
En algunos pueblos existen asadores oficiales. Una vez me contaron de uno al que la embajada argentina en algún país de Europa exportó junto a un freezer lleno de los mejores cortes y un contenedor con leña del monte. El tipo tenía que ir y hacer un asadazo para cientos de diplomáticos de todo el mundo. Hasta la sal entrefina le llevaron. Nunca supe si regresó, pero me queda desde entonces la intriga de qué habrá hecho ese asador de bombacha y pañuelo al cuello frente a la Torre Eiffel, bordeadita, bordeadita de una fumarola, del devenir humo de un metro o dos de chinchulines bien trenzados.

++++++++++Federico Falco
www.aquinohaybosque.blogspot.com ++++++++++++++

Datos brindados por el Sargento García: General Cabrera, Córdoba, 1977. Es licenciado en ciencias de la comunicación. Ha publicado “222 patitos” (Editorial La Creciente, 2004) y varios cuentos en diversas antologías. Se desempeñó como Jefe de Redacción de la revista digital “Fe de Rata”, medio dedicada a la literatura, el cine y el arte en todas sus expresiones. En el 2004 fue premiado en lacategoría “Literatura” en las “Distinciones Cabeza de Vaca” otorgadas por el Centro Cultural España Córdoba. En paralelo a su obra literaria trabaja en video y video instalado. Obras suyas han sido mostradas en el país y el extranjero. Es docente universitario y coordina talleres de escritura creativa.

 

Introducción de bolsillo


Vaga idea de un vago idealista

Fuera de contexto (que debió obtener la url http://sincontexto.blogspot.com/ debido a que ya existía el nombre) es un espacio simple; semanalmente se sube un pequeño texto escrito por diferentes "personalidades" de la ciudad de Córdoba, Argentina (lo que no excluye futuros invitados de otros lados). Dichos textos serán disparados desde una pregunta o frase con la idea de alejar a sus autores del ámbito donde normalmente son reconocidos.
Fuera de contexto es un espacio de recreación y paréntesis racional, que existirá siempre y cuando aquellos que lo conforman tengan ganas de que lo haga.
Para quejas, contactos o invitaciones pornográficas: fedequinteros@gmail.com

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